La boda en el Castillo de Almodovar de Antonio y Álex

La boda en el Castillo de Almodovar del Río de Antonio y Álex no fue una boda al uso. Viven en Rusia, son absolutamente fans de la Edad Media y los castillos y, por ello, no tuvieron ningún reparo en invitar a sus cuarenta amigos y familiares más cercanos a una boda en Córdoba de ensueño.

¿La suerte? Poder estar allí para poder vivirlo a su lado. Si como yo sois fans de Juego de Tronos, sabréis que el Castillo de Almodovar del Río fue uno de los lugares donde se rodó la séptima temporada de la serie, por un lado fue Roca Casterly y por el otro Altojardín, el territorio de la Casa Tyrell. Así que para mí, como fotógrafa de bodas en Burgos, podéis imaginaros la aventura que suponía hacer una boda de este estilo.

Cuando Antonio y Álex me dijeron que su historia podría ser el guion para una película romántica, yo ya deseé que el día B llegara ya. La moda e Inditex hicieron que sus caminos se cruzaran y desde entonces no hay un solo día en el que no se interesen por cómo ha ido su día. ¿No es maravilloso?

Una boda gay en el Castillo de Almodovar

Sus preparativos comenzaron en el Hotel Hospes Palacio del Bailío, donde se vistieron juntos en la intimidad, sin prisas y sin nervios antes de salir a celebrar su boda en el Castillo de Almodovar.

Al ser una boda íntima y familiar regalaron a todos los invitados una insignia de madera con sus iniciales y el logo que habían diseñado para ese día. La verdad que el entorno era maravilloso y tenía el encanto de la cercanía que supone una boda de cuarenta invitados.

Comenzaron con el cóctel para dar tiempo a que llegaran los invitados y tras él comenzó una ceremonia bilingüe que fue amenizada por unas gotas de lluvia que no impidieron que disfrutaran. Y tras esta, comenzó verdaderamente el plato fuerte de la noche.

El banquete fue a cargo del catering Delfín Delicatessen en una biblioteca del castillo llena de flores de Andaluflor. Los invitados tenían como misión salir a bailar temazos que los novios habían preparado para ellos. Además, entre plato y plato, pudimos disfrutar de un espectáculo flamenco que nos dejó atónitos a todos antes de pasar a la fiesta, donde Antonio y Álex pudieron demostrar sus envidiables dotes para el baile.

La verdad que como fotógrafa de bodas en Burgos siempre supone un reto trabajar fuera de casa y a la vez un orgullo que una pareja confíe en mí para formar parte de su boda en la otra punta del país. Se me quedan cortas las palabras para daros las gracias por vuestra cercanía y por hacerme sentir una invitada más de vuestro gran sarao.