Todas las historias merecen ser contadas

La boda íntima en el Monasterio de Valbuena de Alba y Álvaro

Celebrar una boda íntima en el Monasterio de Valbuena tiene algo especial. La luz, el ritmo pausado y la sensación de estar en un lugar con historia hicieron que Alba y Álvaro eligieran el Valle del Duero como escenario para su día. Desde el primer momento tuvieron claro que querían una boda íntima, cuidada y coherente con el entorno. Sin excesos, sin artificios. Solo emoción, arquitectura y naturaleza acompañando cada instante. Si algo define este tipo de celebraciones es la calma. Todo sucede en el mismo espacio, lo que permite vivir el día con otra energía, más consciente y más auténtica.

Una boda íntima en el corazón del Valle del Duero

Alba y Álvaro soñaban con una boda elegante, sin artificios y emocional. Querían un lugar con carácter, donde la arquitectura hablase por sí sola y donde cada rincón tuviera historia. El Monasterio de Valbuena fue la elección: un espacio sobrio, lleno de luz y con la calma suficiente para vivir cada momento sin prisas.

Su celebración fue íntima, cuidada al detalle y coherente con el entorno. Desde los preparativos hasta el baile, todo mantuvo una misma línea estética: naturalidad, elegancia y emociones reales.

Un monasterio histórico como escenario de una boda elegante

La arquitectura del Monasterio de Valbuena no necesita demasiado para brillar. Sus claustros, sus muros de piedra y sus jardines crean un marco perfecto para una boda elegante y atemporal.

Alba apostó por un diseño sofisticado y minimalista con un vestido de Pronovias que encajaba a la perfección con el entorno. Las sandalias de piel Azia de Jimmy Choo y la gargantilla caos perla de Paulet aportaban un punto delicado y elegante que complementaban a la perfección al conjunto. Álvaro optó por un chaqué de Old Jeffrey, clásico y bien estructurado, que reforzaba esa estética elegante que definió toda la celebración.

En espacios con tanta personalidad menos es más y la decoración de Sánchez Arte Floral respetó en todo momento la arquitectura, dejando que el monasterio fuera el protagonista.

Celebrar el amor entre piedra, historia y naturaleza

Uno de los grandes privilegios de casarse aquí es poder combinar interiores históricos con exteriores llenos de luz. La celebración entre el claustro y los jardines y el reportaje de pareja entre viñedos permitió que el entorno hiciera su magia.

En otras ocasiones he tenido la suerte de fotografiar otra boda en este mismo lugar, como la de Icela y Jon, donde el monasterio también fue protagonista desde una perspectiva diferente. Cada pareja lo vive a su manera, y eso es lo que hace que cada historia sea única.

Mi forma de trabajar siempre parte de lo mismo: observar, anticiparme y documentar lo que realmente está pasando. Porque al final, más allá del lugar, lo importante es que las imágenes reflejen lo que sentisteis allí.