La boda en el Antiguo Convento de Boadilla de Bea y Gero

Dicen que todos los caminos llevan a Roma y esta vez, Roma les llevó a una boda en el Antiguo Convento de Boadilla. Se conocieron en La città eterna, la del tiramisú, la pasta, la Fontana. La ciudad de Come, reza, ama y Ángeles y demonios.

Bea estaba allí de Erasmus y Gero fue un fin de semana junto con un amigo que tenían en común. Salieron juntos esa noche donde Gero la pidió matrimonio a ella y a otras tres o cuatro italianas más. A partir de entonces comenzaron a coincidir en eventos de una ONG con la que colaboraban y con la que se fueron de voluntarios a África y, un año después, empezaron a salir.

Cuatro años después, octubre fue testigo de un día soleado en el que Bea y Gero decidieron iniciar un nuevo capítulo de sus vidas con su boda en Madrid.

Una boda tradicional en la Iglesia del Espíritu Santo

Bea llegaba a la calle Serrano con una sonrisa de oreja a oreja y allí, en la puerta de la Iglesia del Espíritu Santo de Madrid, la esperaba Gero del brazo de su madre.

Bea lucía un vestido precioso diseñado por Armiche Rodríguez en el atelier Nihil Obstat, junto con unos zapatos de terciopelo azul y piedras de Uterqüe. Para completar su look, contó con la delicadeza de Fini Rico en el maquillaje y la peluquería y apostó por un ramo de novia rústico de Chiripa y Bambú.

Fue una boda tradicional y bonita en la que estuvieron acompañados por sus familias y amigos. Tras el arroz, siguió su boda en el Antiguo Convento de Boadilla, un lugar de cuento donde continuó la fiesta y las sorpresas, entre ellas la canción con la que Gero y su familia sorprendieron a Bea en el más riguroso directo.

Como fotógrafa de bodas en Burgos me encanta conocer historias bonitas fuera de los límites de la provincia. Esta vez, tras Roma y África, su nueva aventura toma un nuevo rumbo: Madrid.